Mientras el Perú celebra la modernidad del Megapuerto de Chancay, en las altas esferas de Pekín el plan es mucho más ambicioso y arriesgado para nosotros. No se trata solo de un puerto nuevo, se trata de convertir al territorio peruano en un simple «puente de paso» para que China succione los recursos del continente sin que a los peruanos nos quede más que el polvo del camino.
China y Brasil ya han puesto la firma para lo que llaman informalmente el «nuevo Canal de Panamá construido en tierra». Se trata de un corredor ferroviario bioceánico que conectará el Océano Atlántico (desde Brasil) con el Pacífico (en Chancay).
La idea suena a progreso, pero fíjate en el detalle: los trenes productos agrícolas y minerales desde el corazón de Brasil directamente hacia los barcos chinos en Chancay, reduciendo costos y tiempos para ellos. El riesgo es que el Perú se convierta en una servidumbre de paso.
Si nuestras autoridades no se ponen firmes, seremos el patio trasero por donde transita la riqueza ajena, asumiendo los costos ambientales y sociales, mientras las ganancias se van directo al Asia.
El entusiasmo por la inversión china debe venir con «letra chica». Ya hemos visto lo que están haciendo en nuestro mercado del acero, aplicando el dumping (venden por debajo del costo) para quebrar a nuestras empresas locales y quedarse con todo el mercado.
En Chancay podría pasar lo mismo. Si no ponemos reglas claras desde un inicio, los chinos no solo controlarán el puerto, sino toda la cadena logística, desplazando a los transportistas, agentes de aduana y empresarios peruanos. En Chile, ya abrieron los ojos y aplicaron el Decreto 162, imponiendo sobretasas arancelarias al acero chino para proteger su industria nacional. ¿Por qué en el Perú nuestras autoridades siguen haciendo la vista gorda?
Este proyecto es una pieza clave de la geopolítica china para consolidarse en América Latina. Pekín no invierte por caridad, invierte por control.
Nuestras autoridades deben tener la talla para sentarse a negociar con los gigantes. Inversión china, SÍ, pero que no destruyan nuestra industria nacional. Chancay debe ser una puerta de entrada para el desarrollo peruano, no solo un tubo de escape para los recursos brasileños hacia China.
No permitamos que el «Cuento Chino» nos venda una modernidad que nos deje sin soberanía. El Puerto de Chancay es una oportunidad de oro, siempre y cuando el dueño de la casa siga siendo el Perú y no el inquilino que vino a «ayudar» con la construcción.