Relato de un pescador artesanal:
Mi abuelo me enseñó que el mar es generoso, pero que también se respeta. Pero lo que estamos viendo hoy en la famosa «milla 201» no es respeto, es un asalto a mano armada. Cuando salimos en nuestras lanchas, lo que vemos en el horizonte no son barcos, son verdaderas ciudades flotantes. Cientos de buques chinos, gigantescos, con luces que parecen un estadio de fútbol de noche, parados ahí mismo, al filo de nuestra frontera marítima, esperando para meterse.
Esos barcos no vienen a pescar un poco, vienen a llevarse todo. Se ensañan con la pota y el calamar gigante, que es el sustento de miles de familias en la costa peruana. Y lo hacen con trampa, ya que apagan sus radares (GPS) para volverse «fantasmas» y entrar a nuestras aguas de forma ilegal. Mientras nosotros respetamos las vedas y las cuotas, ellos depredan sin Dios ni ley.
Es indignante ver cómo nuestras autoridades se quedan en el discurso mientras estas flotas, respaldadas por el Estado chino, operan como una verdadera milicia marítima que nos quita la comida de la mesa y nos deja un mar vacío. La soberanía no es solo un mapa en un libro, la soberanía es que el mar peruano sea para los peruanos.
Da vergüenza admitirlo, pero si no fuera por la ayuda de afuera, estaríamos ciegos. Mientras el Gobierno se reúne en chifas y se demora en fiscalizar, ha tenido que venir Japón a darnos una mano. Gracias a una donación de drones de alta tecnología, botes patrulleros y software de vigilancia, recién ahora vamos a poder «ojear» lo que hacen estos buques cuando apagan sus transpondedores.
Es triste que una potencia extranjera tenga que regalarnos drones para que podamos cuidar nuestra propia casa. ¿Dónde está la inversión en nuestra Marina de Guerra? ¿Dónde están los recursos para que el Estado cuide la chamba de los pescadores artesanales?
Ya basta de hacernos los locos. Los pescadores peruanos exigimos autoridades que no se arrodillen ante nadie. Queremos candidatos que en este 2026 nos aseguren que el mar peruano se respeta.
Si permitimos que se lleven el calamar hoy, mañana no habrá nada que poner en el plato de nuestros hijos. ¿Vamos a esperar a que el mar sea solo un desierto de agua?