Luego de horas de tensión y bloqueos que paralizaron el país, las carreteras del Perú han recuperado la normalidad. Los mineros artesanales, agrupados en la Confemin, levantaron la medida de fuerza tras recibir la noticia que el Congreso aprobó extender la vigencia del Reinfo hasta el 31 de diciembre de 2026.
Si bien el tránsito fluye nuevamente y los pasajeros han podido retomar sus rutas, este desenlace nos deja una gran interrogante: ¿Hasta cuándo vamos a gobernar a punta de prórrogas y bloqueos?
La extensión del Reinfo es, en realidad, un «respirador artificial» para un sistema de formalización que ha fracasado. No se trata solo de piedras y oro; hablamos de cientos de miles de familias peruanas que dependen de la minería artesanal y que hoy viven con el temor de ser perseguidos como delincuentes.
La mayoría de estos mineros quieren trabajar de manera legal, pagar sus impuestos y aportar al desarrollo del país. Sin embargo, el Estado se ha mostrado incapaz de ofrecerles un camino claro y sin trabas burocráticas infinitas. Es absurdo que el sector que más riqueza genera para el país tenga a una parte tan importante de su fuerza laboral operando en la sombra o dependiendo de una votación en el Congreso cada dos años.
El episodio de esta semana es el síntoma de una enfermedad que requiere cirugía, no solo una curita. Para las próximas elecciones, el Perú necesita una autoridad presidencial con visión y liderazgo, capaz de ejecutar una reforma minera integral que incluya de verdad al minero artesanal, dándole espacios reales y seguros para desarrollarse. Que elimine la burocracia asfixiante que empuja a la gente hacia la informalidad, y fomente la inversión, asegurando que la riqueza de la tierra llegue a los bolsillos de quienes la trabajan y de las comunidades.
El país no puede seguir funcionando bajo la lógica del chantaje o de leyes de último minuto. Este 2026 tenemos la oportunidad de elegir a alguien que entienda que la minería artesanal es una oportunidad, no un problema. La formalización no debe ser una promesa eterna, sino una realidad que dignifique al trabajador peruano.