Lambayeque es una de las regiones con mayor potencial del norte, y se encuentra sumida en una profunda decadencia. La calidad de vida, la salud pública y el acceso a servicios básicos están en niveles nefastos. La principal responsable de este desastre es la clase política que ha permitido el saqueo, siendo el partido Alianza para el Progreso (APP) y la familia Acuña sus principales operadores.
No podemos seguir dándole cabida a esta casta de corruptos que solo ha visto el Estado como un botín. Es un acto de dignidad para los lambayecanos y para el Perú recuperar la esperanza, dejando atrás a quienes han demostrado ser el «cáncer de la región».
Las críticas del excongresista Javier Velásquez Quesquén apuntan directamente al corazón del problema. El exgobernador regional Humberto Acuña es señalado como responsable directo del deterioro de los servicios básicos. Su obra emblemática, la avenida Chiclayo, fue calificada sin rodeos como “una porquería que no sirve para nada”.
El colmo de la frivolidad y la corrupción es la gestión de recursos. Mientras en distritos como Ciudad Eten el servicio de agua y desagüe funciona solo dos horas al día, y otras localidades sufren la misma precariedad, las autoridades están “celebrando aniversarios, organizando fiestas y gastando dinero público en árboles decorativos”.
La corrupción se ha metido hasta en el sistema de salud. Los hospitales de la región son una vergüenza, y se denuncia que EsSalud se ha convertido en un “botín electoral de los Acuña”. El drama es que la región sigue postergando la construcción de un hospital oncológico vital, mientras se gastan millones en obras sin sentido.
El hecho de que el líder de este clan, César Acuña, sea nuevamente candidato a la Presidencia, es una burla y una amenaza para todo el país. Los Acuña han demostrado en el norte del país que su único plan es aprovecharse del Estado.
Lambayeque tiene que ser el epicentro de un cambio de ciclo político que se extienda a todo el Perú. No podemos seguir eligiendo a estos políticos con las «manos sucias». La única forma de sacar a la región del hoyo es apoyar a candidatos nuevos, sin causas legales ni políticas, y con el profesionalismo que Lambayeque necesita para construir hospitales y asegurar el agua, en lugar de financiar fiestas y árboles de decoración. Recuperar la dignidad en 2026 debe ser una necesidad básica para los ciudadanos peruanos.